lunes, 6 de diciembre de 2010

LA EDAD DE ORO DE LA TEORIA

 En 1930 el conductismo se hallaba ya bien asentado como punto de vista dominante en la psicología experimental. El estilo de Watson había triunfado, y los psicólogos llamaban “conductismo” a ese punto de vista, aunque reconocían que el conductismo adoptaba numerosas formas.
El funcionalismo había considerado la capacidad de aprender como el criterio para determinar si un animal tenía mente, y el conductismo no hizo sino dar aún más relevancia a este criterio. El aprendizaje era el proceso por el cual animales y humanos se adaptaban al entorno por el que podían ser educados y podían ser moldeados por motivos terapéuticos o de control social. Así, no resulta sorprendente que lo que posteriormente sería considerado como la edad de oro de la teoría de psicología.

 La psicología y la ciencia de la ciencia.
El nuevo positivismo se denominó “positivismo lógico” porque unía el compromiso empirista del positivismo con el aparato lógico d la moderna lógica formal. El positivismo lógico era un movimiento complejo y cambiante, cuya idea básica era simple: se ha demostrado que la ciencia es el medio más poderoso de la humanidad para comprender la realidad y generar conocimiento, de modo que la tarea de la epistemología debe consistir en explicitar y formalizar el método científico, poniendo a disposición de nuevas disciplinas y mejorando la aplicación por quienes hacen la ciencia, justo lo que los psicólogos creían necesitar.
El positivismo lógico tenía numerosas características, pero dos de ellas resultaron especialmente importantes, para los psicólogos que buscaban el “camino de la ciencia”. Los positivistas afirmaban que el lenguaje científico tiene dos tipos de términos. Los más básicos eran, los términos observacionales, que se referían directamente a las propiedades observables de la naturaleza: longitud, peso, duración temporal, etc. El positivismo anterior había resaltado la observación y había insistido en que la ciencia debía utilizar únicamente términos observacionales.
Los positivistas lógicos coincidían en que la observación constituía la base de la ciencia, pero reconocían que los términos teóricos eran elementos necesarios del vocabulario científico, puesto que añadían explicaciones a las descripciones de los fenómenos naturales. Los positivistas lógicos también sostenían que las teorías científicas consistían en axiomas teóricos que relacionaban los términos teóricos entre sí.


El conductismo propositivo de Edward Chace Tolman
Aunque no se solía reconocer, el problema central del conductismo era dar cuenta de los fenómenos mentales sin invocar la mente.
El neorrealismo le proporcionó a Tolman la base de su enfoque del problema de la mente tal y como lo desarrolló tras aceptar un puesto en la Universidad de California en Berkeley en 1918. Tradicionalmente las pruebas empleadas para demostrar la existencia de la mente eran de dos tipos: el hecho de darse cuenta de la propia consciencia a través de la introspección, y la aparente inteligencia y propositividad de la conducta. El neorrealismo suponía que la introspección no existía, y que tampoco existían objetos mentales que observar.
Tolman relacionó este análisis con la teoría motora de la consciencia, sosteniendo que la introspección de estados internos como las emociones era sólo la “acción retroactiva” de la conducta sobre la consciencia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario